diumenge, 7 d’octubre de 2012

Azaña en Porta Coeli

El refugio de Azaña (article Levante)
Interpretación libre del texto que se lee en el Cuaderno de La Pobleta: 1937(Memorias políticas y de guerra), obras completas de Manuel Azaña, tomo IV, págs. 783-784, y 825, 1937, 14 de septiembre y 17 de octubre. 
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.Palacete de La Pobleta
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.Muchos piensan que se trata de una torre de vigilancia. Nada más lejos de la realidad: se trata de un depósito de agua de aspecto modernista.
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14 de septiembre de 1937 
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Anoche estuve revolviendo papeles después de cenar, y cuando se retiraron todos, leí hasta muy tarde... Gran cansancio. Me he levantado dispuesto y animoso, vencida la ráfaga de la aurora... El día está tranquilo. Muy tranquilo; tan así es, que permitiéndome necesitada licencia (llanto mío en el jardín), rehúso reflexionar acerca de la verdad inmediata que a diario y desde el verano pasado, me trasladan unos y otros. Al fin y al cabo, la guerra está perdida; lo sé de antemano. Gran calma, silencio. No puedo evitar retrasar el reloj y pensar en el pasado del lugar que hoy habito desde que el Gobierno decidió su traslado a Valencia, y el mío a este rincón de La Pobleta, en el término de Serra, antiguo poblado andalusí hasta la expulsión de los mudéjares que lo moraron. Nada queda de aquel tiempo, acaso la planta de una antigua mezquita sobre la que se construyó la actual ermita que a diario contemplo, cercana, desde mi dormitorio. No habría tenido inconveniente en abrir sus puertas al padre Serra, viejo amigo desde mi etapa escolar en El Escorial, ¡pobre!, el pasado día 12 tuve conocimiento de su fallecimiento. 
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.Ermita de La Pobleta
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De vez en cuando aparece un perro y sé a ciencia cierta que el gran hueso que trae entre sus fauces, tal vez una tibia, lo ha encontrado al excavar en la tierra sobre una tumba musulmana, ¡a saber dónde!

Reaparece el calor, pero ya oigo [...] los clamores del ventarrón engargantado  en estos barrancos.
El clima es aquí más agradable que en Valencia, aunque la distancia es corta y la altura no mucho mayor [...] La tierra roja, caliente, impregnada de aromas y esencias del pinar, regenerado el tiempo en días nuevos de paz, será visitada por paseantes enamorados y excursionistas que no habrán de detenerse a la voz de ¡alto! que hoy pronuncian elementos de control del batallón presidencial, a la altura de las casillas militarizadas de la Balsa del Pino, antaño lugar de pavoroso crimen, paso obligado hacia mi actual lugar de residencia, cercano a la Cartuja de Porta Coeli, hoy hospital, futuro merendero y sitio de recreo, el tiempo me dará la razón.
Anochecido, un pino viejo nos cobija en la punta del jardín [...] Los bichos, la humanidad convertida en bichos, en abundancia casi tropical, pululan, se persiguen, se destruyen. Sapos revolucionarios, Largo Caballero, cigarras ávaras, parlanchinas chicharras incoherentes, Andreu Nin, cebolleros, abejorros, grillos asotanados, cada cual a lo suyo, variedad de mariposas, el murciélago desvariante que soy, escuadras de mosquitos mosquetones, los anarquistas, el ejército innumerable de lo que surca, se arrastra, salta y revolotea, pueblan la noche, la animan, agitan su misterio con fiebre vital. Centinela. Un gusano, en su puesto de observación entre las hierbas, nos enfoca el rayo blanco de su tripita de luz eléctrica. Nadie diría que están; atravesado el puesto de control previo al camino que conduce al palacete, la pequeña guarnición pasa inadvertida. Fuera del recinto es bien distinto; desde Bétera, lugar de acantonamiento, hasta la cartuja, la presencia de soldados, armamento y vehículos es más que notable, y el camino de herradura que lleva a Gátova así como los riscos circundantes se encuentran vigilados. Pero aquí, en la Pobleta, siendo, la guarnición es fantasmal. Algún curioso, dentro de bastantes años, ante la imposibilidad de acceder a la propiedad, después de buscar con insistencia la senda, bajará por el monte con el fin de obtener alguna fotografía y a punto estará de descalabrarse muy cerca del baluarte fortificado de hormigón que el sol delata al reflejar sus rayos en el cañón de la ametralladora.


Cánticos nupciales y destrucción.  Un alcotán cazador, creyéndose águila, ha destrozado a la gentil oca. Los fieros mastines, muy machos, descubriéndolas, después de jugar con ellas, han descuartizado unas entregadas gallinas. (Cuando los sueltan, los mastines se van a Serra, como si buscaran refugio, impunes, en una embajada.) El insomne murciélago, yo, se atasca de mosquitos, de bichos. Los mosquitos nos chupan la sangre. No nos matan porque no pueden. Y así todos. Armonía universal, basada en la destrucción, a partes iguales, los unos y los otros. Pero los bichos no lo saben. ¡Digo yo, que no lo sabrán! Les falta el discurso, y no pueden levantar construcciones morales sobre los hechos puros de su instinto. Lo saben muy bien, por su parte, los que vienen de noche, con rayos y llamas, a incendiar pueblos. [...]
Los muros de la antigua cartuja, oscurecidos por la lluvia, al alcance de la mano. El boquete de Porta Celi descubre en las sierras lejanas líneas puras, formas escuetas, limpias...
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Cartuja de Porta Celi
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17 de Octubre de 1937
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¡Que día insolente, provocador del hombre! La vida no es como aparenta este rincón. Ni siquiera para los perros. El almendro, florecido en enero lo sabe. Pienso que lo sabrían los cartujos retraídos aquí en otro tiempo, y que por saberlo se retraían. ¡Qué atroz indiferencia por el sufrimiento humano, esta calma falaz, sin moraleja posible! La matanza continúa.

NOTAS
- La Pobleta es una propiedad privada. Durante la guerra civil fue expropiada y ocupada por el presidente de la II República española, Sr. Azaña, para ser devuelta, acabado el conflicto, a sus antiguos propietarios, la familia Noguera. Hoy la gestionan sus herederos.
- El espectacular acueducto es el único elemento bien visible extramuros de la cartuja. Su construcción data del siglo XIV y salva un desnivel de 17 metros. Se concibió para proporcionar agua a la cartuja. Supuso el elevado coste de 15000 florines, equivalente a 165000 sueldos.

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